En los años de la posguerra, cuando -como escribe E. Carmona- la sociedad y la cultura españolas negaron la mirada y la memoria a los más valiosos sucesos inmediatamente anteriores, especialmente a los ocurridos en las artes plásticas, surge en Almería lo que se conoce con el nombre de Movimiento Indaliano. Fundado por Jesús de Perceval (Almería 1915-1985) constituyó, en su momento, un revulsivo para la apática sociedad almeriense, siendo determinante para la historia, la vida y la cultura contemporánea de nuestra ciudad, inmersa en los años cuarenta y cincuenta en una decadencia marcada por el fin de la guerra civil española. La historia del Movimiento, acotada aquí entre 1945 y 1963, fechas que señalan, respectivamente, el inicio de las Tertulias en la sede del Café Granja Balear y la celebración del segundo y último Congreso Indaliano, tuvo un origen artístico-literario a partir del cual los pintores construyeron su entramado figurativo. Tomando como punto de partida el hecho diferencial almeriense de una cultura propia ancestral y mediterránea, los indalianos, agrupados alrededor de la figura indiscutible de Jesús de Perceval, reivindicarán una regeneración estética basada en los valores tradicionales del sur frente a las vanguardias del norte, que se traduce en una pintura de realismo "moderno" capaz de plasmar singularmente el paisaje almeriense y a los seres humanos que se identifican con él, de tal manera que ha generado una iconografía emblemática de la ciudad y la provincia acorde con su propia naturaleza. Amparados por Eugenio d'Ors, Jefe Nacional de Bellas Artes y fundador de la Academia Breve de Crítica de Arte y el Salón de los Once, los indalianos fueron invitados a exponer en el Museo Nacional de Arte Moderno en el verano de 1947, obteniendo un más que notable éxito de crítica y público. Previamente habían celebrado como grupo varias exposiciones locales e inaugurado en Pechina, el 15 de mayo de 1947, el I Congreso Indaliano. En la exposición del Museo Nacional de Arte Moderno participarán la totalidad de los artistas que constituyen la primera generación de pintores indalianos. Estos son, junto a Perceval, Francisco Alcaraz, Miguel Cantón Checa, Luis Cañadas, Francisco Capulino, Capuleto, Antonio López Díaz y Miguel Rueda. En las tertulias que se celebraron paralelamente a esta exposición se divulgaría la imagen de lo que hoy es el popular Indalo, una recreación hecha por Perceval de algunas de las varias representaciones antropomorfas del arte esquemático que adornan la cueva de los Letreros en Vélez Blanco (Almería). El Indalo vino a sustituir como símbolo del grupo a una figura de barro que se creía representaba un ídolo supuestamente ibérico, y que luego resultó ser una falsificación realizada por unos hábiles artesanos afincados en Totana (Murcia). En el invierno de 1948 los indalianos expondrán nuevamente en el orsiano Vi Salón de los Once junto a figuras como Pancho Cossío, Joaquín Vaquero, Juan Antonio Morales y Federico Castellón. La presencia del grupo se justifica por el tipo de pintura que practicaban, acorde con el gusto propugnado por la Academia Breve, de un arte moderno pero no vanguardista, tradicional pero no académico, innovador pero no revolucionario; en definitiva, una pintura entre la tradición y la modernidad, políticamente correcta y destinada a una burguesía cuyos gustos apenas habían evolucionado desde principios de siglo. De capital importancia para la proyección internacional del Movimiento fue la participación de algunos de sus componentes en la Primera Bienal Hispanoamericana de Artes, una exposición celebrada en Madrid en 1951 bajo los auspicios del Instituto de Cultura Hispánica y el ministro de Educación Nacional, Joaquín Ruiz Giménez. En esta polémica muestra Perceval (bajo el seudónimo de Pedro Pérez) presentó su obra La Degollación de los Inocentes, en donde rinde homenaje a sus amigos García Nieto y Eugenio d'Ors representándolos, junto a él mismo, contemplando abatidos el horror de la matanza. Texto de Mª del Mar Nicolás Martínez.
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